El presidente estadounidense hizo oídos sordos al repudio que provocó su prohibición al ingreso al país de refugiados y ciudadanos de siete naciones de mayoría musulmana y al fallo judicial que frenó parcialmente su decreto, y ratificó que Estados Unidos "necesita fronteras fuertes".
Después de las protestas en Estados Unidos, el rechazo internacional más resonante se escuchó en Europa, donde líderes como la canciller alemana Angela Merkel y los jefes de gobierno de Italia y Reino Unido, entre otros, criticaron la nueva política migratoria de su aliado.
También hubo expresiones de repudio por parte de algunos países afectados como Irán, Sudán y Yemen.
Sin embargo, la mayoría de los gobiernos del mundo islámico, especialmente aquellos aliados a Washington, sobresalieron por su silencio, mientras que la mayoría de las aerolíneas internacionales informaron que comenzaron a prohibir el embarque de los ciudadanos de los países vetados.
En medio de este contexto mundial, Trump ratificó su decreto del viernes pasado que ordenó suspender por 90 días el ingreso de refugiados al país, de manera indefinida para sirios y por cuatro meses a ciudadanos de Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Yemen e Irán, todas naciones de mayoría musulmana y la mayoría en abierto conflicto armado.
"Cristianos de Medio Oriente han sido ejecutados en grandes cantidades. ¡No podemos permitir que este horror continúe!", argumentó el presidente estadounidense, vinculando de manera directa los actos de grupos extremistas en esa región con la huida masiva de civiles refugiados.
"Nuestro país necesita fuertes fronteras y control extremo, ahora. ¡Miren lo que está pasando en toda Europa y, de hecho, en el mundo, es un lío horrible!", disparó el mandatario en su cuenta personal de Twitter, en un abierto desafío a la comunidad internacional, que condenó masivamente la medida, pero también a la propia Justicia norteamericana.
A última hora del sábado, y en medio de la lluvia de críticas y protestas espontáneas en los aeropuertos de las principales ciudades estadounidenses, una jueza federal bloqueó parcialmente la medida y permitió el ingreso de quienes ya habían llegado a ese país y no habían sido deportados de inmediato.
El jefe de gabinete de Trump y presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, aclaró en una entrevista con la cadena de noticias NBC que a los ciudadanos de los países vetados que tengan residencia permanente en Estados Unidos, es decir, la famosa green card (tarjeta verde), no se les será prohibida la entrada al país.
Sin embargo, el sábado por la noche varios ciudadanos extranjeros con green card fueron retenidos durante horas en los aeropuertos estadounidenses.
Sobre ellos, Priebus explicó que si "van y vienen" de los países vetados por el decreto de Trump, entonces estarán "sujetos a un mayor escrutinio".
"Si sos un ciudadano que viene y va a Libia -argumentó-, es probable que te sometan a más preguntas cuando llegas al aeropuerto".
Pese a sus explicaciones, el decreto migratorio de Trump provocó una lluvia de críticas dentro y fuera de Estados Unidos.
Dentro del país, no sólo la oposición demócrata -con la ex candidata presidencial Hillary Clinton a la cabeza- repudió la veda a refugiados y extranjeros musulmanes, sino que además varios líderes republicanos criticaron la medida.
"Nuestros principales aliados en la lucha contra el Estado Islámico son la mayoría de los musulmanes que rechazan su ideología apocalíptica del odio. Este decreto envía una señal, intencionada o no, de que Estados Unidos no quiere que entren musulmanes a su país", sentenciaron los veteranos senadores republicanos, John McCain y Lindsey Graham.
"Por eso, nuestro miedo es que este decreto haga más para ayudar al reclutamiento de grupos terroristas que a mejorar nuestra seguridad", agregaron, según un comunicado difundido a la prensa.
El jefe de la bancada republicana en el Senado, Mitch McDonnell, no fue tan contundente, pero reconoció que hay un creciente clima de incertidumbre y malestar en el país por la medida de Trump.
"Los tribunales determinarán si esto es demasiado amplio", se limitó a afirmar el senador en una entrevista con la cadena de noticias local ABC.
En Europa, en cambio, el repudio fue mucho más contundente. "La Unión Europea seguirá apoyando, dando la bienvenida y ocupándose de aquellos que huyen de la guerra", sentenció en su blog la jefa de la diplomacia del bloque europeo, Federica Mogherini.
Horas antes, Merkel había advertido, ante la prensa en Berlín, que "la guerra decidida contra el terrorismo no justifica que se coloque bajo sospecha generalizada a personas en función de una determinada procedencia o religión".